EnglishEspañol

En estos días…

Una reflexión sobre el alcance de lo que publicamos en redes sociales

En estos días de angustia y desconcierto por la tercera ola de la pandemia, todos los colombianos nos hemos visto afectados, no sólo desde el punto de vista de la economía sino especialmente porque cada vez son más cercanos los casos de COVID en nuestra vida; los índices de contagio no dan tregua y justo cuando aparece la esperanza de la vacunación, en la escena nacional se escucha el estallido de la problemática social que desde siempre ha convocado a la gente a las calles.

La falta de empleo, las promesas incumplidas, el IVA y todas esas otras situaciones que dejó ver la pandemia, crearon un cóctel explosivo que hoy tiene a miles de jóvenes en las calles y en las redes sociales cientos de comentarios incendiarios que avivan el fuego, justificando las actuaciones tanto de un lado como del otro. Y es que las redes sociales se han convertido en el medio perfecto para disfrutar del derecho a la libre expresión, para la denuncia social, para tomar partido, para opinar.

En estos días, las redes sociales han dejado de ser el espacio para disfrutar del tiempo de ocio en la revisión trivial de las fotos de los amigos, los memes o los chismes de  farándula, para convertirse  en un campo de guerra  (como si ya no hubiésemos tenido suficiente del tema), donde pareciera que cada uno de  nosotros  ha encontrado un motivo para odiar a otro.  El problema es que se nos ha olvidado que las redes sociales son tan sociales y por eso, tan al alcance de todos, que no solo son un medio práctico para la libre expresión, sino que además pareciera que tener una cuenta en Twitter, Facebook, Instagram nos diera licencia para dañar la dignidad ajena. Se nos olvida el respeto por el otro y peor aún, el alcance que puede llegar a tener eso que, en momentos de efervescencia, lanzamos como una bala perdida en Facebook, el resultado: más odio, más motivos para estar indignados.

Los discursos de odio, afirma Adama Dieng (asesor de la ONU sobre la prevención del genocidio) son el preámbulo de delitos atroces.  “El discurso del odio en sí mismo es un ataque a la tolerancia, la inclusión, la diversidad y la esencia misma de nuestras normas y principios de derechos humanos; socava la cohesión social, erosiona los valores compartidos y puede sentar las bases de la violencia, haciendo retroceder la causa de la Paz, el desarrollo sostenible” (Guterres 2019).

Así las cosas, valdría la pena preguntarse qué tanto hemos aportado a este caos que hoy reina en las calles y que nos tiene enfrentados unos contra otros, no para darnos golpes de pecho, sino para ponerle fin al impulso de publicar lo que sea que identifique nuestra opinión.

Entonces, si conocemos el poder de las redes, la influencia que tiene en cada uno de nosotros todo lo que allí aparece, ¿Qué pasaría si cambiamos el discurso de odio por uno que busque la construcción de la paz? ¿si dejamos de utilizarlas como un campo de batalla y más bien las convertimos en una herramienta para la unidad social, la sana convivencia y la búsqueda de la armonía? ¿Si en vez de odio hablamos de empatía?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Inscripciones Abiertas para el año 2022

Diligencia el formulario para obtener atencion personalizada.